Thursday, October 30, 2025

A mi papi

Carta a mi papi:

Papito, escribí esta carta antes de saber que pronto ibas a morir. Sólo tengo el consuelo de haberte visto recientemente, de haberme sentido vista por ti. Ya estás en reposo. Ya te acompañamos en misas y rosarios. La fé que tú nos inculcaste nos sostiene, y la esperanza de volverte a re-encontrar nos reconforta.  Yo se que no te has ido por completo. Te sentimos en esta casa, donde viviste, en los recuerdos que vemos en las fotos y videos, pero sobre todo en el corazón.  

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Papito,

No se si podrás leer esto. No se si alguien pueda leerlo en voz alta para que lo escuches. No se si en estos momentos toda la maraña de palabras que decimos a tu alrededor tenga algún sentido para ti. Sin embargo, quiero decir estas palabras para también estamparlas en mi mente, en mi memoria que también se tambaléa, que también se pierde, que también olvida cosas con más facilidad a esta edad.

¿Qué recuerdos tengo de ti? Recordar es volver a vivir, decía mi mami. Creo que era un comercial de Kodak sobre el significado de las fotografías. Esas fotografías que encontramos después de mucho tiempo de no verlas y que nos vuelven a recordar lo que vivimos. Tengo recuerdos de caminar de tu mano y la de mi mami. Tu mano, firme y tibia; la mano de mi mamá, fría y apretada. Así era mi imagen de los dos desde mi primeros recuerdos de infancia. Los dos eran refugio y amor, pero de diferente temperatura y sensación. 

Lo que más recuerdo es tu carcajada, tu manera de reírte de todos los problemas. Nunca dudé que tú ibas a encontrar una solución para cualquier problema. Yo siempre supe tú tendrías una solución a cualquier problema. . 

Recuerdo los fines de semana y el olor de los bisteces con cebolla que preparabas tú, porque a mi mami no le gustaba la carne. Recuerdo los sábados del canal 4 con las películas de Blue Demon y del Santo, de Viruta y Capulina, y las de Pedro Infante. Recuerdo como nos reíamos, porque estar contigo era pasar un momento divertido. Me acuerdo de los sábados de canal 5. Nos enseñaste a apreciar los deportes como el beisbol y el futbol americano. Nosotros no fuimos la típica familia que era fanática del América, del Cruz Azul o el Guadalajara. No. Para nosotros, era importante seguir a los Dodgers, a los Yankees. Era repetir los dichos del Mago Septién sobre el beisbol, sobre como el Toro Valenzuela sacaba la casta para reponerse y ganaba después de casi perder.. A pesar de que nuestro equipo fuera perdiendo, siempre había oportunidad de regresar y de que el juego diera la voltereta. Porque esto no se acaba hasta que se acaba. Y siempre hubo aquel equipo que en principios de siglo, pudo regresar en la novena entrada. Siempre había esperanza del triunfo. 

Tengo recuerdos de enfermedades y del olor de las bellotas de eucalipto que hervías para que el aroma nos ayudara respirar mejor.  Tengo recuerdo de la alegría de que llegara el fin de semana, porque seguro tendríamos una aventura contigo. Cuando nos llevabas a pasear en tus cochesVolkswagen, era como ir con otro niño. Tú mismo disfrutabas los lugares de Chapultepec a donde nos llevabas, las colonias con casas hermosas a donde íbamos a ver cómo vivían los que tenían hermosas mansiones. Todo era una aventura cuando íbamos contigo. Nos llevaste a tus lugares favoritos, donde ibas de excursión. Nunca pudimos caminar igual que tú, pero nos los mostraste, tus amados Popocatépetl e Iztaccíhuatl. Mi mamá nos contaba del tiempo cuando tú eras el guía con los amigos y la familia. Nos contaba como eras tú el que llevaba la mochila más pesada, porque traías comida, medicinas, vendas, lo que pudiera ser necesario -- por si acaso algo pasara. 

Al mudarnos a Cuernavaca y al tener nuestra primera casa, recuerdo cómo disfrutaste construyendo ese techo de fibra de vidrio con estructuras de fierro como garaje para el Vocho. Jugabas a ser jardinero y constructor. De haber empezado de obrero humilde, escalaste para llegar a ser gerente, ingeniero de proyectos, hombre de confianza de los jefes, y apoyo de los trabajadores que supervisabas. ¡Cuernavaca, la ciudad de la eterna primavera!  En Cuernavaca vivimos calores intensos a los que no estábamos acostumbrados en el "DF". Pero qué                                                                                            aventuras tuvimos esos primeros años, en esa colonia donde había campos lleno de mariposas, libélulas y luciérnagas. 

En Cuernavaca, como decía Alberto Cortez, me llegó la adolescencia. Como adolescentes nos alejamos un poco más de ti, pero tú estabas ahí firme, para animarnos aunque los amigos y los novios fallaran.  ¿Te acuerdas de las clases de natación con Raúl Rodríguez y como iba yo a la estación de radio para que tocara música de Donny Osmond? En todas esas locuras de mis años de fanática de Donny Osmond, tú me apoyaste y me llevaste a las estaciones de radio y te las arreglaste para que mi Tía Rosa fuera a hacer colas en la madrugada en el Auditorio Nacional. Así me ayudaste a asistir a mi primer concierto en vivo.

Cuando me mude a la Ciudad de México con mi mamá para entrar a mi querido Colegio Guadalupe, nos quedábamos el fin de semana contigo, que seguías trabajando en Cuernavaca.  Yo quería quedarme hasta que pasara el programa de Donny y Marie. El programa acababa a las 9 de la noche y por complacerme a mí, manejabas de Cuernavaca a México a esa hora y luego te ibas de regreso porque tenías que trabajar el lunes.  Qué egoísta. Nunca pensé en el cansancio que eso significaría para ti.

Tu vida fue dedicada al trabajo y a tu familia. Sabías que tenías que seguir cubriendo los gastos de hipotecas, escuelas, comida, ropa y todo lo necesario para nosotros. Aceptaste cualquier reto que te propusieran. Así peregrinaste con tu compañía de México a Cuernavaca a Naucalpan a Aguascalientes.  Después fuiste a San Luis y nunca dejaste de trabajar hasta después de los 80 años.  Con orgullo nos contabas cómo te consultaban los ingenieros más jóvenes, que sabían que aun con todos sus títulos no podrían entender cómo funcionaban esas máquinas gringas.

Los años pasaron y los recuerdos de secundaria y high school y prepa quedaron atrás. Nos enfocamos más a nuestra propia vida (las hijas) y los padres quedaron más atrás.  Aún me gustaba estar contigo esos fines de semana discutiendo sobre beisbol o futbol americano.  Con mi primer trabajo, vino la oportunidad de empezar a viajar y viajamos juntos cuando tú tuviste un viaje de trabajo en Chicago.  ¡Cuánto disfrutabas las aventuras, lo desconocido y lo nuevo! Siempre tenías ese asombro nuevo de la naturaleza, ese espíritu descubridor y explorador.

A través de los años, nos llegó la edad adulta a nosotras dos, tus hijas. Ya tomamos decisiones sin consultarte mucho.  Nunca fuiste padre autoritario. Estuviste ahí, con presencia constante, apoyándonos en nuestros sueños y ayudándonos a levantarnos en nuestras fallas.  Llegó el tiempo de irnos, de dejar el nido y sólo nos demostraste cuánto nos querías, cuanto nos apoyabas y cuanto confiabas en que lo podíamos hacer.

Igual como un día nos soltaste al enseñarnos a andar a bicicleta, a manejar un coche, así nos dejaste ir en nuestra vida de adultas, en la persecución de nuestros propios sueños.  Aún así, ya habiendo salido de la casa, sabíamos que podíamos contar contigo, que teníamos tu apoyo constante si lo necesitáramos. Teníamos tu infatigable devoción.  "¿Papi, me puedes ayudar a esto o lo otro?" Bastaba estar contigo e insinuar que algo se nos antojaba, que queríamos algo para que salieras con prisa a conseguirlo.

Fuiste abuelo entregado y lleno de amor. Mi mami siempre dijo que a ti te encantaban los niños y los bebés. Les entregaste a nuestros hijos, a tus nietos y nietas, tu devoción, tu tiempo, ese mismo amor que nos diste a nosotras.  Ya sea constantemente cada semana o cada vez que yo te visitaba cuando venía de países lejanos, estabas ahí para tus nietos, para ver lo que necesitaban, para jugar con ellos y cuidarlos cuando podías.  

Tomaste vacaciones largas para ir a visitarme en cualquier lugar del mundo. Llegabas con dádivas en tu maleta:  dulces y recuerdos mexicanos, juguetitos o materiales para hacer labores manuales con mis hijas. Mis hijas pasaban el tiempo contigo y yo las enseñé a respetar y amar a sus abuelos. Siempre que te veíamos, a ti y a mi mami, nuestras "pilas" de amor se recargaban.

Te vi escuchar con tristeza cuando te contábamos alguna tristeza o problema que cualquiera de nosotras tuviéramos. Te ví rezar y ofrecerle a Dios sacrificios y oraciones, junto con mi mami, por que se resolviera algún problema, alguna preocupación.  ¡Cómo sufriste y lloraste con la perdida de tu adorado nieto! ¡Qué grande era tu fe y qué constantes tus oraciones!  Yo sentía tu sufrimiento en la distancia.

Mantuviste tu sentido del humor y tu fe en Dios hasta el final.  Y ahora que no estás aquí, después de haberte visto llorar las veces que yo partía para regresar a esas tierras lejanas, te recuerdo en tu amor por la música, por el deporte, por la buena comida, por la convivencia familiar.

En una de las misas ofrecidas por ti, nos tocaron una canción: "No se han ido del todo."  Así te siento aquí, papito, en mis oraciones, en mis recuerdos y en mi corazón por siempre. Así te veré en mis sueños.  Me consuela, que como siempre, tú te adelantaste para preparnos el camino, para sacar el boleto del cine adelantándote a las colas, para luego darnos la bienvenida.  No le tendré miedo a la muerte porque sabré que estarás ahí para darme la bienvenida y para guiarme, silenciosamente, sin muchas palabras, pero con un amor que habla más que cualquier palabra.

Estás aquí papito, y ahora no bastan las palabras tampoco para expresar cuánto te amo y cuánto has significado en mi vida.  Hasta que te encuentre en la otra vida, te veré en mi mami y en mi hermana y su familia que tanto amaste toda tu vida, en mis hijas, en mi nieta, en nuestras conversaciones añorándote y amándote.  Te veré en la esperanza que tendré, en el optimismo de que estamos en la manos de Dios, y en comunión en la oración de todos los que te amamos.

Pá, siempre estás con nosotros.


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